Foto: weblog.zwitserlevengevoel.nl/
Una amiga de una amiga un buen día resolvió que la vida era muy difícil para ser vivida. Y sencillamente luego de decir y de sentirse deprimida día y noche, resolvió negarse a vivir bajo la maquinaria de este mundo y se echó, material y literalmente, se echó en su cama a rumiar sus ilusiones no alcanzadas, su pasado y el de los demás. Sus ilusiones guardadas de antaño en la mesita de noche.
Entre su pasado y el de los demás, la peculiaridad que ella escogió en lo que denominó su locura, su borderline, su bipolaridad, fue seleccionar todas las escenas que la habían perturbado. Escogió especialmente aquellas que son más communes de lo que uno cree, son entre hermanos. Esas escenas en las que aparecen ellos en los jugueteos con sus hermanas menores. Eso que se sabe y se nombra como abuso. Eso que produce vergüenza, y escalofrío en algunos casos. Y a esas les sumó las escenas con amigos y amigas que desde su perspectiva la dejaban como víctima de este cruel mundo, como la reina del dolor y a ellos como corajudos victimarios. Crueles, enormes y superficiales.
Que ¿qué tiene que ver eso con lo de la diva? Ya voy. Ya voy.
Todos los días ella le relataba por el teléfono a sus interlocutores una y otra vez sus escenas, una y otra vez dibujaba sus desiluciones; a veces en un eco sordo. Las escenas eran tan escandalosas que irremediablemente sus interlocutores terminaban conversando del tema ese día con cualquiera que se les cruzara y ojalá también la conocieran a ella. Y mejor si era a la hora del almuerzo para tener con qué pasar el postre.
En fin.
El hecho es que una de las ilusiones hecha aire y babas por entre sus manos, fue la de ser una diva. Hoy, recordando sus palabras … no la culpo. ¿Qué mujer no ha querido ser una diva?
Son sensuales por naturaleza. No denigran de su condición de mujeres. No son necesariamente feministas tampoco son machistas. Adoran a los hombres y están profundamente correspondidas. Su relación con ellos es funcionalmente sensual. A las divas todo se les perdona porque todo les queda bien.
Divinas.
No creo particularmente que el apelativo vaya en los hombres. El “divo” no me suena. Es cuestión de ritmo, de estética. Podría ser cuestión generacional. Demasiado machos los divos para ser divinos. Con ser machos ya tienen de más. Ellos pueden ser exquisitos y ya. En mi mente también construída de recuerdos sólo suena el que mi tía corrigió durante muchos muchos años: “mijita, divino sólo Dios”.
Melody Gardot es una de esas divas que bien merecido lo tiene. A los 19 años casi muere cuando iba en su bici luego de salir de algún toque en algún bar de Philly. Quedó en coma y la música fue lo único que la trajo de nuevo a este mundo. Gardot sale al escenario con sus gafas y su bastón. Es una Diva que se sienta en una silla que reciba su estructura ósea con delicadeza. Bella. Sensual. Ella misma lo dijo, las opciones de quedar paralítica eran muy altas pero cada nota, cada melodía, cada armonía fueron conectando su cerebro y dejándolo en el lugar adecuado. La música la redimió.
http://www.youtube.com/watch?v=89qB0VO-3K4&NR=1
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