Por estos días me he acordado de cómo mi mejor amiga se declaraba furibunda enamorada … algo parecido a lo que alguna vez me confesó mi mejor amigo: "mira, es que yo soy un enamorado del amor". Por supuesto, no creo estar muy lejos de ellos.
El hecho es que mi amiga podía conocer a un tipo que le gustara y en una semana de ilusión, imágenes y esperanza alcanzaba a ennoviarse, casarse y separarse. Así como les cuento. Todo en la emoción y la ilusión que la química del amor produce en la mente. En ese corto circuito, en ese shock que deja en la arena boquiabierto a cualquier incauto o mejor ... incautA como volando entre nubes de colores. Oh glorioso sentimiento, gloriosa sensación ... sublime sueño.
Una noche de conversa nocturna cuando yo le contaba sobre un tipo que me había gustado y cómo mi imaginación había volado y volado y volado … ella me tranquilizó diciéndo que el caso de ella era patético porque había alcanzado incluso a tener nietos mientras desde la ventana del bus miraba a un tipo guapísimo; y el proceso amoroso duró lo que duró el bus dando la curva, eso sí bien cerrada para doblar la esquina. Así como les cuento.
No sé si eso llegó a ser verdad o no. Y no viene al caso.
Al caso viene la química. La química es sublime pero también dolorosa.
Y no sé porqué no dejo de asociarlo a esa idea que tuve esta mañana mientras le quitaba a mi bici el plástico lleno de gotas que mojaban mis pies. Fue una idea que llegó a mi mente igualito como a veces llega el viento, escaso por estos días, que pasa y roza los brazos. La idea era respecto a lo reducidas que son las oportunidades a medida que los años van pasando. Las oportunidades para todo. Si no fuera porque me incomodaban las gotas mojando mis pies, pensaría que algo de incomodidad me produjo la idea. ¿Algo de sensitiva molestia? Las oportunidades de trabajo, las opotunidades de viajar (es posible), las oportunidades de enamorarse porque nos volvemos más retrecheros para todo y hasta la vida se jacta.
Digámoslo de una vez: con los años cada vez es más difícil que la química ataque con la flecha de ese angel desvergonzado cruzando el estómago, las vísceras, el corazón y suba en su alocada corriente sanguínea a la cabeza. Las probabilidades de la química son cada vez más escasas y son menos aún posibles las realidades palpables.
Nunca antes había sentido eso.
Por eso, porque sentí ese sentimiento de pasmado minúsculo dolor, pude entender a mi amiga quien luego de otra conversación telefónica sentía la nostalgia luego de un fin se semana en el que su mente divagó regodeándose en el amor ... en la química del amor, venenosa e implacable; placentera y ojalá eterna.
No importa ya que hayan sido tan solo tres días de pasión desenfrenada; la mente los vivió y el corazón la siguió irremediablemente. Ha de saberse una vez más que las opciones son reducidas y a final de cuentas ... ¿alguien ha negado alguna vez que el amor es un sueño?
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