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Las miles de mitades de Erubiel

Foto: Nuevo Herald

Por estos días en los que nada encaja, estos días detenidos, llegó Erubiel a su segundo día de taller. Erubiel es un mexicano de no más de 16 años. No es muy alto y es guapo. Llegó a la clase con una cara de mil mitades: mitad desespero, mitad tristeza, mitad frustración, mitad rabia. Un rompecabezas de sensaciones; ninguna positiva. Es el rompecabezas de muchos de los muchachos que pasan la frontera, que vienen de cualquier zona de México y decir México es decir Centro y Sur América en busca de lo que por ley, por herencia y porque sí, se les niega. Se les niega lo que tanto ven por television: una casa, un carro, un blackberry, una mujer; una vida perfecta que más y más le pertenece a cada vez menos personas y que cada vez más, cuesta más.

Un rompecabezas ¿Verdad?

Sumas y más sumas. Mitades y mitades; y nada encaja.

Antes de entrar a mi taller sentenció que era el último día que iba a clase y durante la hora y media de trabajo con colores, papeles, pegante y tijeras se fue calmando e insinuando entre una y otra historia lo fácil que podría ser ganarse 500 dólares diarios en el negocio de la droga. Nombró detalles, nombró pueblos, nombró diálogos. Se sabe el negocio; se lo sabe y seguramente es eso lo que no miden sus profesoras. Sus profesoras no miden las consecuencias de sus desaires.

Para Erubiel es cuestión de decidirse, de chasquear los dedos y cambiar su vida. Para darle un vuelco doloroso solo necesita segundos.

Dijo que hay días en los que se pregunta qué hace aquí. Dijo que hay días en los que quiere tirarlo todo. Lo que lo “tranca” es llegar a su pueblo sin nada. Con las manos vacías.
¿Con qué es que debe llegar entonces un niño de 16 años a su pueblo?


Dijo que él es impaciente. No quiere esperar más tiempo para tener lo que “debe” tener.

Erubiel tiene afanes de un hombre de 40 años.

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