jueves

Esperanza Intravenosa

Foto: MER. La flor del tercer piso

Hoy me he inyectado nuevamente Esperanza.
La venden en miligramos y en ungüento a veces.
También en jarabes y en suero.
Siempre la he preferido en pepas porque se me facilita su ingestión.

Luego de varios días de arrumar la pereza que produce la fatiga de la acumulación de las cosas difíciles.

En esos momentos en que hasta la fe se vulnera.
En esos momentos de incredulidad profunda que solo se renuevan con eso se supone no es eterno en este mundo pero es “in-eterno” en el más allá.

¿Por qué será que sólo la promesa de que esto es un paso es lo que me permite darlo?

Así que volví a inyectarme Esperanza.
La necesitaba intravenosa.
Difícil de conseguir en esta forma y difícil pedirla en la farmacia sin receta.
Difícil buscar uno de esos médicos compinches que la receta por debajo de cuerda.

Difícil.

Difíciles me han parecido estos últimos días.
Y cuando por fin puedo sobrevolar, reconozco mis desafueros, mis vicios, mis perennes realidades.
Cómo se esfuma la vida.

Difícil pero ya consumí.

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