Hay momentos en los que los fantasmas que se creían echados y sin previo aviso, aparecen agazapados cuando esa luz interior baja. Baja como cuando bajaba la linterna de Jacques Mayol en la película Azul Profundo, cuando se botaba a la inmensa profundidad del mar para sumergirse por segundos buscando lo que él no sabía si se le había perdido.
Así encontré hoy a mis fantasmas; agazapados esperando el reencuentro que produce la emoción de sentirse menos sano. La increíble emoción de sentirse rayando la línea de la existencia.
Pero a propósito de Jacques Mayol he de aceptar que se convirtió en un ícono de la belleza masculina, al menos en el grupo de mujeres en la Universidad que me tocó en suerte. Un tipo con una cara angelical sin dejar de ser masculino. Es como juntar el cielo y el infierno. El veneno y la hostia. El cáliz y el vino. Era increíble lo que producía en nosotras y el que medio se le pareciera ... la tenía por un buen rato, asegurada. Cero esfuerzo.
Y hoy lo busqué por internet. Hoy busqué a Jean-Marc Barr. Lo busqué tratando de encontrarme hace algo más de 20 años. Y encontré parte de mí en el afiche de la película. Mis ilusiones agazapadas para evitar el brinco. Para completar, no tan inconscientemente, comencé a escuchar de manera interminable If I could de Pat Metheny. Es que … así de agazapados encontré a mis fantasmas. Yo sencillamente estoy luchando contra mi insanidad, contra el amor a mi insanidad. Temo abandonarla. A veces no la llevamos tan bien ...
No hay comentarios:
Publicar un comentario