martes

La cama de mi recuerdo


Foto: MCC

A veces se vienen a la cabeza momentos de la niñez y de la adolescencia; momentos esos en los que el mundo se detenía. Cuando los recordamos, es el presente el que se detiene. Es como si la energía vital confabulara con el reloj de arena, para sentarnos en ese el escenario de lo propio; parece que nos sentara en un palco interestelar para apreciarnos en nuestra dimension.

Buena o mala, inútil o útil, justa o injusta y sin embargo presente.


A mi amiga le pasó.


Mi amiga desdobló durante algo así como un año y tres meses, una a una, cada noche, un sofá-cama incómodo por demás, y se levantó cada mañana a doblarlo.


La llamada era para contarme que había comprado cama. Estaba hilarante. Puedo entenderlo.


A propósito de los momentos del pasado, me dijo que en el cresendo de su experiencia de consumo recordó alguna cena familiar, bastante escasas en su casa por demás, en la que su papá, un banquero, contó la tragedia de alguna familia a la que se le habían embargado todos los bienes. Ella se acordó que en ese momento los imaginó, a los embargados a punto de irse a dormir sin en dónde reposar su angustia.

Su papá le aclaró que lo único que no podían embargar era la cama. La cama se quedaba con su dueño. Pensó que al menos, en medio de la confusión de la pérdida y el cansancio de la vergüenza, quedaba la cama para reconciliar el sueño con la vida.


La hilaridad se debió a que alcanzó el consumo mínimo de la dignidad.

5 comentarios:

Danny Bailey dijo...

Debe ser por eso que cuando se habla de la miseria o de la pérdida de la dignidad, se dice que no se tiene un lugar para caerse muerto. Tal vez la única ignominia que no se le ha ocurrido al hombre como especie es la de quitar a la gente ese pequeño lugar para caer... dormido.

Anónimo dijo...

Eso de que no le pueden quitar la cama a nadie podría sustentarse en que lo único que es imposible de entregar son los sueños.

Danny Bailey dijo...

Te leen!

MER dijo...

Danny gracias por el comentario. Es verdad lo que dices, ojalá no traspasemos ese límite de ignominia.

MER dijo...

Dragón ... qué bello adendo ...