domingo

Estoy más muerta que viva


He llegado incluso a perder la memoria de los más recientes acontecimientos. No sé si lo que pasó en los pasados 10 minutos fue verdad o si fue imaginación. Camino como si estuviera presa de un mal sueño; rodeada de luces con niebla porque ni siquiera puedo decir que es oscuro.

Mis manos tienen el color de las manos que estan a punto de morir. Las manos de parafina.

Sé que en escenarios que mi mente no sabe leer pero en los que mi espíritu se mueve con comodidad, se está dando una batalla a muerte. A muerte; esa es la verdad.

Hay algo con lo que tiene que vivir mi adversario, no soy yo la que quiere estar en esta dimensión. Porque como ya le he dicho a Dios, no le encontré el misterio a la vida y en cambio vengo pidiéndole hace más de 48 horas que me absorba de esta realidad.

No tengo nada pendiente. No debo amor. El dinero no me importa, la imagen tampoco. Ya no quiero ver, ni vivir, ni sentir la basura humana. Nada existe ya que me conmueva y en cambio si me ha parecido indescifrable la maldad.

He llegado a recordar momentos de mi vida que jamás hubiera pensado recordar. He llegado a viajar por esos momentos y he llegado a pensar que es mi último baile, pero todo ha estado sucediendo en otra dimension.

Estoy segura que ésto es lo que se siente cuando se inicia el camino sin retorno.

Hay gente que muere de tristeza, habrá otra que muere de amor, y habrá quienes mueren cuando los invade sin remedio su propio veneno.

Yo muero por la maldad profunda y por la incapacidad de dominar las estratégicas reglas de la vida.