jueves

El miedo que-madura



Es eso, es la madurez. Es eso. Llegó a la puerta de mi casa. Lo que siento es muy distinto a lo que he sentido siempre. Ya el miedo no me sorprende. Ya me sé los distintos miedos. El miedo a la deshonra, el miedo al miedo; el miedo al desamor, el miedo a la aventura; el miedo a lo mágico y a lo inexplicable; el miedo al dolor físico dolorido. El miedo a la lejanía, el miedo a la pérdida. El miedo a dejarlo todo, el miedo a perder los seres queridos. El miedo ajeno. El miedo a la soledad, el miedo al qué dirán. El miedo miedo.

Ya los conozco; serán y sé que son sólo pasajeros. Ya no me sorprenden.

Lo dijiste una vez ... madurar es superar los miedos. No los he superado; quizás no era la idea. Quizás te referías a que ya supiera a qué huelen, cómo se sienten, cuándo se acercan. Quizás la idea era saber que viene un día en que ya se han vivido y es cuestión de esperar, aguantar conscientemente y dejarse llevar.

Ya pasó. Ya pasó.

Se acabó la aventura.

Me produce algo de nostalgia, pero también consuelo. A la vez me siento agradecida. Ya pasó. Ahora todo se repetirá en secuencia hasta que llegue el único miedo que no se puede repetir. El miedo a la muerte. La presencia de cada día. Para morir sin remordimiento, sin culpa; con compasión. Sin quemazón.

El miedo que no se comprende es mejor dejarlo quieto, no visitarlo; no invocarlo. Respetarle su inexistencia. Es el miedo miedoso. A ese no se le perturba.

El miedo a repetir algún miedo por doloroso que sea, ira pasando y se llevará en ello parte de la vida. Es eso, es parte de la vida que ya se fue.
Ahora, el aplauso.

2 comentarios:

Fernando Visbal Uricoechea dijo...

¿Y cuando el miedo se junta con la alegría, y con el juego? ¿deja de ser miedo y se convierte el blog?
Rico leerte.

Anónimo dijo...

Da miedo leerte